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Maru Botana y su madre muy triste superando el duelo

11111111111111111111111 La familia de origen de la cocinera es tan unida como la que ella creó con su marido, Bernardo Solá. Sus padres, Carlos y Susana, siempre alentaron sus iniciativas y fueron quienes financiaron su primer local gastronómico. Su madre le enseñó a cocinar con recetas de la abuela y el libro de Doña Petrona. La acompañaba a todos lados para ayudarla con la crianza de los chicos porque ella no quería tener niñeras.

La abuela estaba al cuidado de Facundo cuando ocurrió la tragedia. Desde entonces no se separó en ningún momento de su hija, y su marido acompaña a sus nietos.Las empleadas de su local de Belgrano se acostumbraron a verla llegar siempre con –al menos– un cochecito y un moisés en cada mano.

Cancherísima, Maru Botana bajaba de la camioneta a niños y bolsos con soltura de experta y pasaba directamente a la cocina del restaurante en medio de un torbellino de pañales y juguetes. Sin soltar al bebé saludaba a los cocineros, controlaba el merengue y subía las estrechas escaleras hasta su oficina del primer piso, tan pequeña que más bien parece un puesto de vigía. Detrás suyo, su madre Susana. La precisión con la que intercambiaban tareas y pasaban a los chicos de mano en mano era semejante a la de un show de nado sincronizado. Siempre aclaraba que no contaba con un ejército de niñeras, sino con el apoyo de una mucama en su casa y los brazos dispuestos de la abuela.

Las escapadas a Las Leñas era un must de la familia. A tal punto que hace dos años, cuando su marido, Bernardo Solá, viajó solo a Estados Unidos para visitar a su hermana, la conductora igual se tomó el avión hasta Mendoza con sus cuatro hijos mayores, y embarazada del quinto. Acostumbrados a viajar en malón, esta vez habían preferido dejar al menor en Buenos Aires al cuidado de Susana. Iba a ser una escapada breve: el lunes a la mañana Maru tenía que estar de vuelta para su programa Sabor a mí, junto a Diego Pérez. En la madrugada del domingo recibieron la trágica noticia.


Recetario.“Mi madre me dio una educación ideal y me gustaría darles a mis hijos aunque sea una parte de lo que ella me dio”, aseguraba Maru a Caras en los albores de su carrera en Telefe. Nunca tuvo estudios formales fuera de la cocina de Susana, que le enseñó a hacer las tortas que luego ella vendía, a los 14 años, por Belgrano, gracias a cartelitos que pegaba en los supermercados. Estudió Administración de Empresas pensando que su padre, Carlos González Botana, médico clínico en Bunge y Born, podía conseguirle un lugar en la corporación, pero enseguida se dio cuenta de que lo suyo era la cocina y se presentó ante Francis Mallmann, que buscaba mozas. Ella le propuso ser su pastelera. Su mamá la acompañó en el auto a dejarle la torta que había hecho como prueba: fue en pleno copamiento de La Tablada, en enero de 1989, pero madre e hija iban a asegurarse de que el chef recibiera un perfecto hojaldre hecho con la receta familiar.

A pesar de que Maru se convirtió en la cocinera de la familia, Susana siguió preparando dulces para sus nietos: un clásico eran los huevos de Pascua, un evento que su familia siempre celebró especialmente. “Mi madre decoraba el living de casa con el mismo amor que lo hace hoy para sus nietos”, contaba.

Los padres de la conductora siempre fueron una parte fundamental de la dinámica familiar: como Bernardo es ingeniero agrónomo, pasa hasta cuatro días por semana en el campo. “Mamá está la mayor parte del tiempo en casa, cuidando a los chicos, y papá va a buscar a Agustín al colegio y después lo lleva a natación. Para mis hijos son sus segundos padres. De tanto estar con ellos, es tal la confusión que tienen en la cabeza que a veces los llaman ‘mamá’ y ‘papá’ y a mí me dicen ‘abu’”, contaba cuando sólo tenía a Agustín y a Lucía. Con la llegada de Santiago, Sofía y Matías el engranaje familiar se fue perfeccionando.


Por Arana. Cuando nació Facundo, en broma le decían que había que regalarles un televisor. Maru se reía y decía que, en tal caso, querían uno de plasma. Habían prometido que con el quinto hijo “paraban la producción”, pero el sexto llegó igual, el 5 de marzo en el sanatorio Los Arcos. Fue menos de una hora de trabajo de parto para una madre aguerrida que esa misma mañana había ido al gimnasio a hacer bicicleta.


Presente. Cuando saltó de Utilísima a Telefe, en marzo de 2001, estaba embarazada de un mes. Llevaba apenas tres días al aire cuando un ex paciente con problemas mentales baleó a su papá Carlos en su consultorio particular. Al día siguiente Maru estaba en el canal grabando su programa. “A él le hubiera encantando que lo hiciera”, aseguraba unos meses después, con su padre ya recuperado. Cuando dio a luz, abrió el programa desde la clínica.

Acostumbrados a ver la vida de la cocinera en cámara, su público se sorprendió el lunes cuando, en el horario en el que debía empezar Sabor a mí, continuó el ciclo AM, de Verónica Lozano y Leo Montero, sin explicación alguna. Recién al final del programa los conductores dieron la noticia de la muerte de su bebé. El levantamiento del ciclo no está confirmado, pero todos en el canal dan por descontado que Maru no volverá. Su celular está apagado, sólo habla con su familia, y los amigos se limitan a dejarle mensajes. Sus fans abrieron una página de apoyo que ayer ya sumaba más de 29 mil mensajes.Diario Perfil
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